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LAS HIERBAS SUECAS o las gotas de Amargo Sueco

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Nosotros solíamos ir a bañarnos al lago de Offen y nos gustaba sentarnos en un tronco de árbol caído que estaba a la orilla. Un día ese tronco anguloso estaba levantado y apoyado contra la valla de la pradera. Al lado mismo deposité mi bolsa de baño. Antes de marcharnos a casa estuve allí inclinada arreglando mis cosas, cuando sentí un dolor como si me partiera un rayo. Ese tronco tan pesado se me había caído encima de la pierna. Desde la rodilla hacia abajo se puso la pierna morada y salieron dos bultos tan gruesos como el puño. Me llevaron al coche y me subieron a la habitación. Mi marido quería llamar a un médico pero rogué que me aplicaran una compresa con Hierbas Suecas. Media hora después ya pude bajar sola a comedor y al día siguiente la pierna estaba lisa como antes. Ya no se veía ninguna señal de los hematomas y los bultos también habían desaparecido.

En ese lugar hubo otro incidente. A una niña de cuatro años le picó un avispón en el brazo. Este se hinchó desmesuradamente. Fui enseguida a buscar las Hierbas Suecas y antes que los padres y la niña estuvieran vestidos ya había vuelto yo con las gotas. Yendo a donde estaba el coche ya le puse a la niña el algodón empapado con las Hierbas Suecas y durante los tres minutos que tardaron en llegar al coche, la hinchazón desapareció. Ya no hacía falta el médico.

Cogiendo un día frambuesas me picó un insecto venenoso en el pulgar. Durante la noche el dedo se hizo como una morcilla de gordo. En la tienda donde hacía la compra una mujer exclamó:"Usted debe de ir rápidamente al hospital; una infección así puede causarle la muerte". Pero antes de acostarme me cubrí el dedo con un algodón empapado en Hierbas Suecas y al día siguiente el pulgar había recobrado su forma normal.

Una vez tuve muy mala suerte en el lavadero. Era en aquél tiempo en que las máquinas lavadoras lavaban pero todavía no enjuagaban. La ropa, que estaba bastante enredada, se tenía que sacar del agua caliente con ayuda de unas grandes pinzas de madera. Tengo la costumbre de hacerlo todo rápido y con ímpetu. Sucedió que la ropa enjabonada se me escurrió de las pinzas y éstas me dieron con mucha fuerza en el ojo derecho. Aturdida de dolor y medio ciega subí a tientas al primer piso. Apenas hube aplicado el algodón mojado con Hierbas Suecas sobre el ojo, se cortaron los insoportables dolores. Después de un rato me contemplé ante el espejo y vi que toda la región alrededor del ojo era un moretón. Me puse un algodón humedecido de Hierbas Suecas sobre el ojo, lo cubrí todo con un trocito de plástico y lo sujeté con un pañuelo atado a la cabeza; un cuarto de hora después ya bajé otra vez al lavadero. Seguí en mismo procedimiento durante unas cuantas noches para evitar que se formara algún mas detrás del ojo.

Estando, como todos los años, sometida a una cura de baños de Kneipp en Mühllacken, entró en mi habitación la enfermera superior seguida de una mujer que se retorcía de dolores. Esta padecía de graves cólicos biliares y venía por si podía ayudarle con algún remedio. Los medicamentos no le habían sido eficaces y el médico le aconsejaba que se operara. Le dije que se descubriera el vientre y le apliqué una compresa de Hierbas Suecas en la región del hígado (en esta clase de tratamientos hay que untar antes la piel con manteca de cerdo o pomada de Maravilla, ya que el alcohol podría irritar la piel. Primero se aplica a la parte dolorida un trozo de algodón empapado y bien escurrido, después un algodón seco y encima un pedazo de plástico para que se mantenga todo caliente. Finalmente se envuelve todo en un trozo de tela y se ata. Al quitar la compresa se empolva la piel para evitar cualquier irritación.) En el momento en que iba a colocarse de nuevo la faja, la mujer exclamó:"Ya no tengo dolores" y se incorporó. En unos instantes había desaparecido su mal. Aparte de la aplicación de compresas, empezó a tomar más adelante gotas de Hierbas Suecas por vía oral, a saber, tres veces al día una cucharada de gotas diluidas en agua o tisana. No volvió a tener más cólicos.

Desde hacía años me ocupaba de una anciana que vivía sola. Al principio la comunicación con ella era muy difícil a causa de su sordera. En antigua manuscrito se puede leer que la Hierbas Suecas restablecen también el oído perdido. Así que la incité a que se aplicara repetidas veces al día una gotas de Hierbas Suecas en el conducto auditivo. Con el dedo índice se introducen las gotas en el oído. No hay que olvidar untarse el oído de vez en cuando con un poco de aceite para evitar los picores. La mujer empezó a untarse también las regiones alrededor de la oreja y de los ojos, así como las sienes y la frente. Pronto volvió a oír y la cara también recobró un aspecto juvenil y fresco. Una vez, la misma señora, al bajar del autobús fue atropellada por un coche y cayó con tan mala suerte que se dio con la cara en el suelo. También fueron la Hierbas Suecas las que restablecieron su cara amoratada. El pasado 1 de febrero esta anciana celebró su 89 aniversario. Ahora oye muy bien y podemos hablar sin dificultades. Cuántas personas que han oído mis conferencias me comunican que gracias a la Hierbas Suecas han recobrado el oído y pueden rescindir del audífono. Así que las gotas de Hierbas Suecas son un remedio contra la sordera y contra toda clase de dolores, sean internos o externos. Como activan la circulación de la sangre eliminan rápidamente los dolores. Por eso son muy indicadas para los enfermos de epilepsia; se les aplica compresas empapadas en el cogote. La causa de esos ataques puede datar de sucesos lejanos, por ejemplo, un choque o un golpe en la cabeza en la infancia.

En ocasión de una conferencia en Gallspach hablé con un joven que había sufrido un grave accidente de coche: doble fractura en la base del cráneo. Después de curarse las fracturas, el joven tenía cada día ataques de epilepsia. Le aconsejé que se aplicara compresas de Hierbas Suecas en la parte posterior de la cabeza y que bebiera cada día cuatro tazas de infusión de Ortiga don dos cucharadas de Hierbas Suecas. En casos graves de epilepsia es muy conveniente apoyar el tratamiento con tisana de Ortiga. Unos meses más tarde el chico vino a verme para decirme que los ataques epilépticos habían cesado. En la meningitis cerebral, las heridas en la cabeza por golpes o caídas, el tartamudeo y los trastornos del lenguaje, las cataplasmas de Hierbas Suecas aplicadas en el cogote dan muy buenos resultados.

De la misma manera se trata la sinusitis. Vuelvo a repetir que en todos estos casos de enfermedades graves es imprescindible consultar primero al médico.

Según las cartas que recibo de pacientes, las compresas de Hierbas Suecas que he recomendado han sido muy eficaces en la curación de desprendimiento de retina y en la retina porosa. Todas estas personas estaban a punto de perder la vista. Estas compresas se dejan actuar cada día una hora sobre los ojos cerrados. También los ojos sanos, sobre todo los ojos cansados se deben tratar preventivamente con estas compresas; al mismo tiempo se untan, por la mañana y por la noche, los párpados y los ángulos de los ojos con Hierbas Suecas. De esta manera uno puede conservarse una buena vista hasta una edad avanzada.

Siendo las Hierbas Suecas un remedio tan excelente para nuestra salud, no deberían faltar en ningún botiquín. No solo se debe tener siempre a mano en casa, sino también tendrían que acompañar a uno en cada viaje. Sea que la comida fuera de casa no siente bien, y que se necesite un tonificante para el estómago o la bilis, sea que uno se siente agotado o mareado - en estos casos las Hierbas Suecas son un verdadero elixir. Se bebe un trago diluido en un poco de agua y, en uso externo, se untan las sienes, la frente, los ojos y la zona detrás de las orejas y enseguida se tiene una sensación estimulante en todo el organismo.

Si se coge de improviso un catarro con todos los síntomas concomitantes, como cansancio, abatimiento, pesadez en la frente y en el estómago, no hay más que acercarse un pedazo de algodón, mojado con gotas de Hierbas Suecas, a la nariz y respirar profundamente. Enseguida se siente alivio en la zona de la frente y la nariz. Si el constipado ya está más avanzado y ha afectado a los bronquios, conviene aspirar las gotas por la boca. También en este caso se obtendrá una ayuda inmediata. En tiempo de gripe se toma cada día una cucharadita, y si es necesario de vez en cuando una cucharada, en un poco de agua tibia; con ello está uno inmunizado contra la influenza. Dondequiera que se presenten dolores, las Hierbas Suecas ayudan siempre, sea en uso interno o externo en forma de fricciones o compresas.

Hace unos años tuve un cólico renal. El médico interrumpió su consulta para venir a mi casa. Mientras tanto me puse un paño con Hierbas Suecas en la zona de los riñones y cuando llegó el médico ya no tenía dolores. Me avergoncé de haberle hecho perder su tiempo precioso. Pero él sólo quiso saber cómo había hecho para calmar el cólico. Cuando oyó que la compresa había ayudado, dijo:"Excelente, entonces no hace falta darte una inyección". Él mismo estaba convencido de las virtudes de las Hierbas Suecas. Desde entonces, cada vez que iba a consulta decía:" A ti no te receto nada, tú ya tienes tus Hierbas Suecas". Él fue también quien me familiarizó con muchas otras plantas medicinales.

Una vez vino a verme una señora mayor, que desde hacía años caminaba con un bastón. La gota y el reumatismo la habían encorvado. No le ayudaba ninguna medicina y la pobre tenía los nervios destrozados. Con tres cucharaditas de Hierbas Suecas, bebidas con infusión de Ortiga y Cola de caballo, se mejoró tan rápidamente que a las tres semanas ya andaba sin bastón.

Como es sabido, por la Candelaria suelen haber el mayor número de funerales. En esa época una cantante de nuestro coro se lastimó patinando. Como éramos pocos en el coro, la echamos mucho de menos. Después de la misa la encontré en la ciudad. Dijo que le era imposible subir la escalera empinada del coro con su rodilla anquilosada. Poco después estuve en su casa con todo lo necesario para hacer una compresa. La mujer, que era la esposa de un médico, observaba mis preparativos con cierto escepticismo. Pero cambió de opinión cuando al poco rato pudo mover la rodilla sin dificultad alguna y al día siguiente ya subió como si nada la escalera del coro. Desgraciadamente faltaba otra cantante que se había torcido el tobillo practicando nuestro "tan sano" deporte invernal. Sólo sabíamos que se encontraba en el hospital. Entonces la que estaba apenas curada de su rodilla me rogó que también ayudara a la otra mujer. Lo hice de mala gana porque ya la habían tratado en el hospital, pero finalmente pensé que si no se curaba, quién sabe si al día siguiente no tendría que cantar yo sola en el coro.

La enferma estaba ya en casa, tendida en el sofá-cama con el tobillo todo hinchado. En el hospital sólo le habían aconsejado que procurara colocar el pie en alto. Tenía fuerte dolores. La compresa con las Hierbas Suecas la alivió instantáneamente. Al día siguiente vino al coro, aunque las calles estaban cubiertas de hielo. Los dolores y la hinchazón del tobillo habían desaparecido y nuestro réquiem estaba salvado.

Durante una visita en el Mühlviertel, estando sentada en la fonda, me di cuenta de que un señor de la mesa de al lado se retorcía de dolor. Dijo que estos accesos se repetían a menudo y que no le ayudaba ningún médico. Saqué mi botellita con las gotas de Hierbas Suecas, puse una cucharada en un vaso con agua tibia y se lo di a beber. Mientras vaciaban el contenido del vaso ya le volvían los colores de la cara y se quedó sorprendido al ver que los dolores se calmaron tan rápidamente. Medio año más tarde estuve otra vez en el mismo lugar. Ya había olvidado aquél suceso, cuando un señor se me acercó dándome entusiastamente las gracias. Estaba visiblemente rejuvenecido. Dijo que había preparado él mismo la maceración de Hierbas Suecas y que las tomaba. Todas las molestias que había sufrido por el páncreas y la gastritis aguda se le habían quitado. Como las Hierbas Suecas curan las afecciones pancreáticas, se pueden recomendar también a los diabéticos. Los nevus, las verrugas y las manchas, incluso los angiomas y los quistes sebáceos se curan untándolos frecuentemente con Hierbas Suecas; del mismo modo se eliminan los callos y las almorranas. El zumbido y el silbido de oídos se combaten introduciendo en los oídos un taponcito de algodón embebido con Hierbas Suecas. Estas fortalecen así mismo la memoria frotándose repetidas veces la nuca con ellas; limpian la sangre y activan su circulación, eliminan cólicos e indigestiones, dolores de cabeza, toda clase de trastornos del estómago y de la bilis, así como afecciones de hígado y de los riñones (aunque el enfermo tenga prohibido el alcohol). En los casos de trombosis y flebitis se pone en la parte enferma una capa de un milímetro de espesor de pomada de maravilla antes de aplicar la compresa de Hierbas Suecas. Después de la curación se hacen pediluvios de Ortiga para fomentar la circulación de la sangre. Las gotas de Hierbas Suecas son un remedio contra el estreñimiento, los mareos, e incluso las parálisis. Son una gran ayuda contra todos los males. Curan incluso enfermedades cancerosas. En los dolores agudos se toma una cucharada de las gotas diluidas en un poco de agua o tisana. Tomando tres veces al día, por la mañana, al mediodía y por la noche, cada vez una cucharadita de Hierbas Suecas con agua o infusión, se conserva una sano y fuerte hasta la edad más avanzada. Ya que se emplean sin excepción contra todos los males, se puede considerar como el mejor remedio para recuperar y mantener la salud del hombre. Despiertan el espíritu y devuelven las fuerzas vitales, que hoy en día nos hacen tanta falta. ¡ Conserve mediante este maravilloso elixir su salud, su capacidad de trabajo y el amor de su familia y el prójimo!

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